Argentina, dos años después: el giro histórico de Javier Milei
Dos años después de asumir el cargo, el presidente Milei presenta un balance impresionante: inflación a la baja, finanzas públicas saneadas y una economía que vuelve a crecer.
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El 10 de diciembre de 2025 se cumplen dos años desde que Javier Milei asumió la presidencia de Argentina. Para calibrar la magnitud del cambio experimentado desde entonces conviene recordar el punto de partida: un país atrapado en una inflación del 160% anual, una moneda desacreditada, un sistema cambiario fracturado por docenas de controles de capitales y un Estado al borde de la insolvencia. Una situación pre-hiperinflacionaria. Milei llegó al poder prometiendo, primero, estabilización macroeconómica y, después, liberalización económica. Dos años después, los datos nos permiten evaluar en qué medida ha cumplido.
El primer logro, y quizá el más evidente, es el desplome de la inflación. Como decíamos, en noviembre de 2023 la tasa interanual superaba el 160% y seguía en ascenso. Hoy ronda el 30% y continúa descendiendo. No es un simple ajuste estadístico: es la recuperación del valor de la moneda, un requisito básico para reactivar la economía real y restablecer la capacidad de planificación de hogares y empresas.
El segundo gran indicador es el riesgo país, es decir, la prima que Argentina debe pagar para financiarse en los mercados internacionales frente a la deuda estadounidense comparable. A finales de 2023 esa prima superaba los 2.500 puntos básicos, lo que implicaba tipos de interés 25 puntos porcentuales superiores a los de Estados Unidos. Era el reflejo de un Estado percibido como insolvente. Hoy esa prima ronda los 600 puntos básicos. Una reducción tan drástica sólo se explica por la mejora en las cuentas públicas.
Relacionado con lo anterior está la desaparición de la brecha cambiaria, uno de los síntomas más característicos del deterioro económico argentino. Hasta 2023 coexistían dos mercados de divisas: uno oficial, fuertemente racionado, y otro paralelo, donde el dólar cotizaba casi tres veces más caro. Esa distorsión era producto del control de capitales y de la desconfianza absoluta en el peso. En la actualidad, la brecha se ha reducido al 0%. La liberalización cambiaria y la estabilización monetaria han permitido unificar el mercado sin provocar una fuga masiva hacia el dólar.
El cuarto logro es esencial: el saneamiento fiscal. En 2023 Argentina acumulaba un déficit fiscal superior al 4% del PIB y un déficit cuasi fiscal cercano al 10% del PIB, generado por la emisión constante de pesos para pagar los intereses de la deuda del Banco Central. Hoy, ni uno ni otro existen. Sin déficit y sin emisión endógena, la inflación deja de alimentarse y el peso recupera credibilidad.
Con la estabilización en marcha, la economía ha entrado en recuperación. El PIB del segundo trimestre de 2025 es un 4% superior al del último trimestre de 2023. Si se analiza mes a mes, la actividad económica de septiembre de 2025 supera en un 5% la de noviembre de 2023 (todo ello, corrigiendo ya por el componente estacional). Que la economía crezca durante un ajuste fiscal tan profundo no es habitual: indica que la normalización institucional ha compensado con creces el impacto contractivo.
En materia laboral, el ajuste tampoco ha deteriorado el empleo. Al contrario: hay 330.000 personas ocupadas más que dos años antes. En el sector privado, el incremento es de 667.000 trabajadores, mientras que el empleo público se ha reducido en 367.000. Por primera vez en mucho tiempo, Argentina crea empleo neto en el sector productivo y reduce plantillas estatales infladas e ineficientes.
“Por primera vez en mucho tiempo, Argentina crea empleo neto en el sector productivo y reduce plantillas estatales infladas e ineficientes.”
La mejora macroeconómica también se refleja en el terreno social. Antes de que Milei asumiera, la pobreza superaba el 41% de la población (y habría sido mucho mayor de haber estallado la incipiente hiperinflación). Hoy está a punto de caer por debajo del 30%. Una reducción de 11 puntos porcentuales en apenas dos años, lejos de ser incompatible con el ajuste, es su consecuencia directa: cuando desaparece la inflación, los ingresos reales dejan de erosionarse y vuelven a crecer.
Y, contra lo que muchos pronosticaban, la desigualdad no ha aumentado. De hecho, los indicadores disponibles apuntan a una ligera tendencia descendente. Reducir la pobreza estrecha automáticamente la distancia entre los que menos tienen y el resto: la desigualdad se corrige desde abajo, no desde arriba.
“Reducir la pobreza estrecha automáticamente la distancia entre los que menos tienen y el resto: la desigualdad se corrige desde abajo, no desde arriba”
El décimo y último logro es el que explica todos los anteriores: la contundente reducción del tamaño del Estado. El gasto de la Administración Central ha pasado del 21,3% del PIB en 2023 al 16,5% en 2025, su nivel más bajo desde 2008. Una consolidación fiscal de cinco puntos del PIB en dos años es algo pocas veces visto en la historia, y menos aún sin hundimiento económico. Pero era imprescindible para dejar atrás el déficit crónico y la inflación estructural.
Un Estado que gasta menos deja de endeudarse. Un Estado que deja de endeudarse reduce su prima de riesgo. Una prima de riesgo más baja estabiliza el tipo de cambio. Y un tipo de cambio estable permite desinflar la economía sin controles de capitales. Este encadenamiento causal es la columna vertebral de la estrategia de Milei, y los datos muestran que ha funcionado.
En dos años, el presidente argentino ha logrado mucho más que frenar una dinámica cuasi hiperinflacionaria: ha sentado las bases para reconstruir un país devastado por décadas de mala gestión económica. Pero también ha elevado el listón de las expectativas. No se ha limitado a prometer estabilidad: ha prometido convertir a Argentina en el país más libre y próspero del planeta.
Para alcanzar esa meta, el camino está claro: profundizar en la reducción del gasto, bajar impuestos, privatizar empresas públicas y desmontar la maraña regulatoria que sigue estrangulando la actividad. Menos Estado, más mercado y más libertad.
Si Argentina persevera, dentro de dos años podrá afirmarse que el país, por fin, ha dejado atrás su larga decadencia. Y que la libertad económica empieza a demostrar —también allí— su capacidad para sacar a los países de la trampa de la pobreza.