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Venezuela sin Maduro: La dictadura ha perdido su cabeza, pero aún no su rostro brutal

El fin de Nicolás Maduro da a los venezolanos esperanzas de libertad. Sin embargo, los secuaces del régimen siguen sembrando el miedo y el terror, y los presos políticos permanecen en sus mazmorras.

Venezuela sin Maduro: La dictadura ha perdido su cabeza, pero aún no su rostro brutal
Caracas al amanecer, suspendida entre el fin de un régimen y un futuro aún incierto. Foto: Paolo Costa Baldi / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Die Deutsche Version finden Sie hier.

Fuerzas estadounidenses sacaron a Nicolás Maduro de su búnker en un fuerte militar de Caracas y Kennedy Tejeda, defensor de derechos humanos, sigue preso en una de sus cárceles. Cayó el dictador, la dictadura agoniza; pero aún respira.

Tejeda, de 25 años, fue encarcelado el 2 de agosto de 2024, tres días después de la elección presidencial del 28 de julio. Lo apresaron en Montalbán, un pueblo del centro de Venezuela cuyas frescas montañas le hacen presumir de ser la Suiza de la región. El joven abogado, activista de la organización de defensa de presos políticos Foro Penal, se presentó en el comando de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) para asistir legalmente a un grupo de otros jóvenes apresados por protestar el robo de los comicios que ganó Edmundo González y allí lo dejaron detenido. La acusación, sin acceso a defensa privada: terrorismo e incitación al odio.

Tejeda es uno de los 863 presos políticos que permanecen tras unas rejas remecidas cada vez con más fuerza. Poco antes del amanecer del 3 de enero, cuando ya corría la noticia del arresto de Maduro por la Operación “Absolut Resolve”, le escribí a su mamá, Kennia Jiménez. Ella me respondió con un mensaje de voz en WhatsApp, de los que se eliminan al escucharlo: “Se acerca el día de la libertad. Dios es grande y sabe hacer muy bien sus obras”.

La situación en Venezuela es de máxima inestabilidad. Cada día, casi cada hora, se suman nuevas incógnitas; aunque también, cada día, casi cada hora, los hechos van despejando una parte del complejo panorama: Formalmente, el país está a cargo de la ex Vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, quien a su vez está tutelada por una junta del gobierno de EE. UU dirigida por el Secretario de Estado, Marco Rubio.

“Se acerca el día de la libertad”

En la mira  

El acuerdo que Rodríguez hizo con EE. UU no sorprende. Esa opción fue una de las más ventilada meses antes por periodistas enterados de los planes norteamericanos. Está claro que hubo un pacto con ella. La apuesta de Trump es que Rodríguez, sometida a las presiones adecuadas, sea quien le evite tener que forzar la puerta desde adentro. Lo que no está claro todavía es si la segunda del chavismo logrará cumplir todo lo acordado con el gobierno estadounidense. Mejor dicho: si el poder armado -las fuerzas militares, policiales y de inteligencia oficiales, así como los grupos paramilitares conocidos como colectivos- le permitirán cumplir.

En las primeras horas luego de la captura de Maduro, la ahora presidenta encargada disparó su característica metralla verbal contra el “imperialismo yanqui”. El propio Trump le contestó con una advertencia directa: si no coopera, le esperaría una suerte peor que la del sucesor de Hugo Chávez, hoy en una cárcel de New York, acusado ante un tribunal federal de integrar durante más de veinte años una estructura criminal de narcotráfico internacional, narco terrorismo y uso de las instituciones del Estado venezolano para ingresar cocaína a territorio estadounidense. Después del aviso del Presidente de EE. UU, la deriva va tomando formas concretas como la del comunicado de Petróleos de Venezuela, la petrolera estatal, que este 7 de enero confirmó lo que ya la Secretaría de Energía había informado horas antes: que el gobierno estadounidense asumió ya el control de la venta de crudo venezolano. Ese mismo día, la declaración de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Levitz, dio el mensaje de la administración Trump con todas sus letras: “Mantenemos una estrecha correspondencia con las autoridades interinas de Venezuela (…) tenemos la máxima influencia sobre ellos y sus decisiones van a seguir siendo dictadas por Estados Unidos».

Calma ficticia

En Venezuela siguen las noticias a través de las redes sociales, a pesar del férreo bloqueo impuesto por el régimen. Los venezolanos en el país se las arreglan para mantenerse informados y precisamente por ello saben que aún no hay condiciones para salir a las calles, una vez más, a gritar libertad y democracia. Los más de ocho millones en el exilio también permanecen con el aliento entrecortado, aunque en las primeras horas hayan celebrado. El aparato represivo sigue activo haciendo lo de siempre: infundir terror. Un artículo incorporado a última hora al Decreto de Conmoción Exterior que supuestamente Maduro había firmado antes, en previsión de lo sucedido, ordena a todas las policías buscar y capturar a “toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos”. Las cabezas de ese aparato represivo letal son Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, y Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia. Ambos son fugitivos de la justicia estadounidense. Por la captura del primero se ofrece una recompensa de 15 millones de dólares, mientras que por el segundo, la figura más beligerante del régimen, se ofrecen 10 más: 25 millones.  Lo que queda de régimen se esfuerza en transmitir calma, en hacer creer que se recupera la normalidad; pero la realidad es la situación es de tensión extrema. Es tanta que esta vez sus partidarios, el llamado chavismo de base, han desoído los insistentes llamados de la cúpula a apropiarse de las calles para protestar el secuestro de su líder y “la primera combatiente”.

“El aparato represivo sigue activo haciendo lo de siempre: infundir terror”

Marta, “jefa de calle” de una comunidad del pueblo de Montalbán, se muestra confundida. Ha transcurrido menos de una semana desde el arresto de Maduro y está desorientada.  Como “jefa de calle”, es la responsable de los llamados Clap (comités locales de abastecimiento y producción). Organiza a los vecinos de su pequeña comuna agroproductiva para la distribución de alimentos subsidiados y otros programas sociales. Es, además, la encargada de transmitir información oficial del gobierno revolucionario a sus vecinos. Pero hasta ahora, una semana después del ataque norteamericano, dice que no ha recibido ningún lineamiento ni explicación de parte de sus instancias superiores. En el grupo de WhatsApp de la comunidad, administrado por Marta, el último mensaje es del 29 diciembre. De ella preguntando: ¿Alguien más va a pagar el gas? En Venezuela las bombonas de gas doméstico solo las vende el gobierno.

Marta vive en un sector donde no conocen la estabilidad ni del servicio eléctrico ni de internet. Su ingreso, vía el denominado “bono de guerra” que da el régimen en bolívares que se evaporan al calor de la inflación, está por los 60 dólares al mes.

Armados de dinero

“No soy un magnate, ni quiero riqueza material para mi vida. Tengo una sola cuenta, una cuentica de ahorro donde me depositan mi sueldito de Presidente. Yo gano dos petros, pero a esa platica no le veo la cara, porque cuando la voy a buscar ya Cilita la ha agarrado para comprar unas cositas”.  Un petro es la criptomoneda creada por el gobierno (equivalente a unos 60 dólares). Esta declaración la hizo Maduro el 29 de diciembre en una de sus últimas apariciones públicas en Venezuela, durante una visita a la comuna agroproductiva “Por amor y lealtad a Chávez” ubicada en Caracas.

Suiza, por lo visto, tiene información distinta. El 5 de enero, apenas dos días después de la caída de Maduro, su Consejo Federal anunció el congelamiento de todos los activos que el exgobernante y otras personas asociadas a él posean en Suiza. Ese mismo día, la agencia Reuters informó que, de acuerdo con datos aduaneros suizos, en los primeros años del mandato de Maduro (desde 2013) Venezuela transportó oro a Suiza por unos 5 mil 200 millones de dólares. Los activos guardados en las bóvedas helvéticas -cuya cantidad precisa aún se desconoce- son apenas una parte, pero esencial, de la respuesta a la pregunta de por qué si cayó Maduro su régimen se mantiene: el colosal enriquecimiento que han obtenido los jerarcas de la dictadura, en especial los militares.

La investigación global Suisse Secrets, coordinada por el Proyecto de Reportería del Crimen Organizado y la Corrupción (Occrp, por sus siglas en inglés) y el diario alemán Süddeutsche Zeitung, reveló que la mayor cantidad de clientes del Credit Suisse son ciudadanos nacidos o que declararon vivir en Venezuela. “Ni millonarios europeos, ni magnates asiáticos”, se lee en el resumen de esta serie de diez reportajes hechos en colaboración por 48 medios aliados de todo el mundo, entre ellos Armando.info y Efecto Cocuyo por Venezuela, dos de los pocos hacedores de periodismo que sobreviven, aunque bloqueados en el país. Una de las entregas es sobre el director de la Disip, extinta policía política, Carlos Aguilera, a quien se le demostraron cuentas por unos 8,6 millones de dólares.

Nora, esposa de un funcionario de la Milicia Bolivariana (quinto componente de la Fuerza Armada, el llamado pueblo en armas), tiene miedo. Su marido estaba en el Fuerte Tiuna cuando lo bombardearon para arrestar a Maduro. “Vio los muertos”, expresa angustiada. Se cuida siempre de no hablar por él, sino por ella. Le pregunto qué piensa él ahora y me dice que no sabe (…) que solo sabe que “lo tienen de allá para acá”, sin descansar desde la fatídica madrugada del 3 de enero. Le pregunto también por qué él ha seguido allí, prestando sus servicios a la dictadura, por qué no se ha retirado. “Porque sus jefes son una mafia y de la mafia no sale nadie. Son delincuentes con grandes negocios. Las mafias no se entregan”, sentencia.

Esperanza cautelosa

“Que la alegría de este momento histórico sea tan contenida, solo demuestra que el monstruo, aunque herido, sigue vivo”, escribió en X una reconocida periodista desde el pueblo de las ínfulas helvéticas.  Y es verdad que el monstruo sigue vivo, pero la percepción general -incluso ya entre los seguidores del gobierno- es que sus días están contados. La expectación crece conforme el propio régimen van confirmando su acuerdo con Estados Unidos.  “Comenzamos el año con buen pie”, afirma Doris, una educadora que dirige su propia microescuela comunitaria, una de las decenas de miles de espacios educativos libres surgidos espontáneamente en Venezuela. Lo dice en el contexto de una conversación sobre un tema aparentemente no vinculado con los últimos acontecimientos, pero es obvio a qué se refiere.  Es la “esperanza cautelosa” de la que habla Thor Halvorssen, venezolano y director de la Human Rights Foundation, organización cuyo papel se considera decisivo en la documentación de las violaciones de derechos humanos en Venezuela. En un artículo publicado este 7 de enero en The New York Times, el también fundador del Oslo Freedom Forum, avizoró la implosión del régimen y el fracaso de las gestiones de “la férrea Vicepresidenta de Maduro”.

En la elección del 28 de julio de 2024, en las que María Corina Machado, no pudo presentarse porque estaba inhabilitada por la dictadura, Edmundo González, el candidato a quien la Nobel de la Paz 2025 endosó su apoyo, ganó con 67% de los votos. Maduro desconoció el resultado, demostrado en las actas que la oposición logró resguardar, y apretó aún más la tuerca de su maquinaria totalitaria.  Miguel Martínez Meucci, doctor en conflicto político y procesos de pacificación, plantea dar entrada, ya, en el proceso en curso, a la voluntad soberana del pueblo venezolano. “A fin de cuentas, el único objetivo legítimo del proceso en curso es la devolución de la soberanía a su justo titular”, expuso en un artículo publicado en Letras Libres.

Marco Rubio, Secretado de Estado de EE. UU, vocero del plan para Venezuela, enumeró tres fases: estabilización, recuperación y transición. No dijo hasta cuál de las tres está previsto que llegue su ahora socia Delcy Rodríguez.

Al cierre de este reporte circulan con insistencia versiones no oficiales según las cuales el régimen estaría empezando a cerrar El Helicoide, su centro de detención y tortura más emblemático. Allí están detenidas, junto con otros presos políticos, Catalina Ramos y Sofía Sahagún, ambas venezolano-españolas. Sus familias aguantan la respiración con cada posible señal de su liberación. Kennia Jiménez, madre de Kennedy Tejeda, combate la angustia contando lo que su hijo le ha dicho que hará cuando salga de la temida cárcel de Tocorón: “Mamá, apenas se abra este portón, voy a la playa”.

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